Custodia compartida: qué es y qué necesita para funcionar

Custodia compartida: qué es y qué necesita para funcionar

«La custodia compartida es un mito o una realidad social». Con esa pregunta abre el video de Tu Salud Guía en el que la abogada Ana María Mazo Gutiérrez, especialista en derecho de familia, explica por qué dice que los hijos «no son solo de la mamá» y qué implica repartir el cuidado de los niños entre ambos padres después de una separación. No es una conversación jurídica en abstracto: la abogada habla del efecto de esas decisiones en la vida emocional de los hijos y de los miedos que suelen frenar el acuerdo. Aquí recogemos lo que ella plantea.

En pocas palabras

  • La abogada Ana María Mazo Gutiérrez, especialista en derecho de familia, sostiene que la custodia compartida ya es una realidad en muchos hogares, aunque no se le llame así.
  • Para ella, una custodia compartida no exige tiempos exactamente iguales: turnarse los fines de semana o los días de semana ya es compartir el cuidado.
  • Señala que en Colombia no existe una norma específica que la regule y que, desde 2018, la Corte Constitucional ha sentado bases sobre el tema.
  • Su punto central: los hijos no le pertenecen a nadie, se pertenecen a sí mismos y necesitan la compañía del padre y de la madre.
  • Reconoce que no funciona igual en todas las familias: las emociones no siguen una regla matemática y hay casos en los que no prospera.
  • Dice que falla cuando los padres dejan de comunicarse, y que funciona cuando hay rutinas en ambas casas, cercanía entre los hogares y espacios propios para los hijos.
  • Su invitación: no ver la custodia compartida como un riesgo, sino como una opción a evaluar con el bienestar de los hijos como criterio.

Por qué dice que es una realidad y no un mito

La abogada parte de una costumbre muy extendida: dar por hecho que los hijos son de la mamá y que, tras una separación, deben quedarse con ella. Para ella esa idea es un arraigo cultural, no una regla inevitable, y hoy resulta menos cierta por dos razones: el contexto social cambió y los padres participan cada vez más en la crianza.

Su argumento es que ya existen custodia compartidas sin que se las nombre de esa manera. Pone el ejemplo de los hogares donde los niños pasan dos días a la semana con el padre, o alternan un fin de semana con cada uno. Eso, dice, es compartir el cuidado. La diferencia con un régimen de visitas está en el alcance: un régimen de visitas clásico limita la presencia del padre a algunos fines de semana y a una semana de vacaciones en junio y otra en diciembre, mientras que la custodia compartida busca que la presencia de ambos sea parte de la vida cotidiana de los hijos.

Qué dice sobre la edad y lo que establece la ley

Sobre la pregunta de a partir de qué edad es posible, la abogada responde que en Colombia no hay una norma que regule específicamente la custodia compartida. Añade que desde 2018 la Corte Constitucional ha fijado bases sobre este sistema de custodia, y enmarca el asunto en un principio que repite varias veces: los hijos no le pertenecen a alguien, se pertenecen a sí mismos.

Es importante precisar que esa lectura del estado de la normativa es la que ella expone en el video, y que un caso de custodia se resuelve según las circunstancias de cada familia y el criterio del juez. La recomendación práctica sigue siendo revisar el caso concreto con un abogado de familia.

Los miedos que aparecen cuando se habla del tema

La abogada enumera varios temores que, según dice, suelen aparecer como pretextos para no intentar la custodia compartida: que los niños crezcan inseguros, que no tengan claro cuál es su casa o que no adquieran estabilidad. Su respuesta es que la estabilidad no depende del número de casas, sino de que los adultos garanticen que el niño sienta cada espacio como propio.

También advierte sobre una expectativa que considera injusta: no se trata de interrogar al menor sobre lo que hace en cada casa o de convertir a la mamá en la que pone las reglas y al papá en el que permite la pizza y el cine. Para ella, repartir el cuidado implica que ambos asuman también lo cotidiano: la rutina del sueño, el cepillado de dientes, la alimentación y los límites.

Cuando no funciona, según su experiencia

La abogada es explícita en que no hay respuestas definitivas. Explica que estamos hablando de emociones y que las emociones no se comportan como una suma matemática: dos personas distintas no reaccionan igual ante la misma situación. Por eso afirma que hay familias donde la custodia compartida funcionó y otras donde no, y que eso no la convierte en mejor ni en peor, sino en una opción diferente.

Su diagnóstico sobre los casos que se caen es concreto: la custodia compartida deja de funcionar cuando los padres dejan de comunicarse. Pone un ejemplo simple: si el niño se raspó la rodilla en el colegio, el otro progenitor debería enterarse, no para vigilar, sino para poder preguntarle y acompañarlo. Cuando los padres se cuentan lo que pasa con los hijos, añade, los niños no necesitan mentir ni repartir la información según a quién le están hablando.

Lo que se necesita para intentarlo

A partir de su experiencia —incluida la suya propia con sus hijas—, la abogada describe condiciones que hacen viable el esquema:

  • Convivencia cercana. Que ambos hogares estén próximos entre sí y también respecto a los colegios y lugares de educación de los hijos.
  • Comunicación sobre rutinas. Acordar qué se hace en una casa y en la otra, y sostener esa conversación en el día a día.
  • Un lugar propio en cada casa. Espacios para los hijos y sus cosas; que puedan llevar lo importante de un lado a otro sin que la mudanza semanal sea una maleta llena de ropa.
  • No dividir a los hermanos. Dice que la experiencia emocional de crecer con los hermanos es más gratificante que repartirlos: «los hijos no se dividen».
  • Que la decisión sea de los padres. Reconoce que hay muchas voces externas alrededor de la familia y que, aunque sean importantes, no siempre son útiles; para ella la estabilidad emocional de los hijos depende de los padres.

La fábula de los erizos

Para explicar el equilibrio que busca la custodia compartida, la abogada recurre a la fábula de los erizos en invierno: cuando hace mucho frío se juntan para no morir, pero deben encontrar la distancia en la que no se lastimen con sus púas. Su lectura es que la separación de la pareja tiene que ver con la relación entre los adultos —»ni tan juntos que nos hagamos daño, ni tan separados que no nos sintamos»— y no con el vínculo con los hijos. Insiste en una idea: el divorcio disuelve una relación de pareja, no la relación parental.

Su invitación final

La abogada cierra con una invitación a mirar la custodia compartida sin tratarla como un riesgo. Propone preguntarse si los hijos pueden obtener lo mejor de cada padre, y recuerda que eso, según su lectura, es lo único a lo que tienen derecho. No promete que funcione siempre: dice que en algunas familias no funcionará porque no hay fórmula mágica para las emociones, pero que no intentarlo también es una forma de fracasar.

Ver el video completo

Puedes ver la explicación completa aquí: ¿Por qué los hijos no son solo de la mamá?.

Fuentes y referencias

Este artículo acompaña el video «¿Por qué los hijos no son solo de la mamá?», publicado por Tu Salud Guía, y resume lo expuesto por Ana María Mazo Gutiérrez, abogada especialista en derecho de familia. Sus afirmaciones sobre el estado de la normativa en Colombia, sobre el alcance de los pronunciamientos de la Corte Constitucional desde 2018 y sobre los efectos de la custodia compartida se presentan como su explicación y su experiencia profesional, no como un concepto jurídico oficial ni como una posición de este medio. Tu Salud Guía no cita en este texto artículos, leyes o sentencias específicas porque el video no las menciona.

Nota editorial

Este contenido es informativo y de bienestar. No constituye asesoría jurídica ni reemplaza la valoración de un abogado de familia, que debe estudiar el caso concreto. Las decisiones sobre custodia afectan a los niños: además del acompañamiento legal, puede ser útil buscar apoyo psicológico para los hijos y para los adultos, sobre todo si la separación está siendo conflictiva. Si tú o tus hijos están viviendo malestar emocional persistente, consulta con un profesional de salud mental.

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