Dependencia emocional: cómo reconocerla y qué es un amor sano

Dependencia emocional: cómo reconocerla y qué es un amor sano

¿Cuándo pasar tiempo con alguien se convierte en no poder vivir sin esa persona? La dependencia emocional es un tema del que se habla mucho y se entiende poco, y en el EP28 del podcast Para estar bien, Selena Londoño conversa con el Dr. Fernando Mazo —psicólogo, magíster en psicología clínica, abogado y docente universitario en Medellín— para ponerle límites al concepto: qué es exactamente, en qué se diferencia de un amor intenso, cuáles son las señales que conviene mirar sin dramatizar y cómo se construye una relación sana. Este artículo resume la conversación.

En pocas palabras

  • La dependencia emocional es una conducta, no un trastorno con categoría propia en los manuales diagnósticos, y por eso conviene hablar de ella con cuidado.
  • No se trata de necesitar a alguien, sino de desestructurar la propia identidad en función del otro, hasta sentir que la vida pierde sentido sin esa persona.
  • Puede aparecer en cualquier vínculo: pareja, familia, amistad o trabajo. No es exclusiva del amor de pareja.
  • El especialista sostiene que «tóxico» se usa mal: lo tóxico es lo que a cada persona le genera malestar, no una etiqueta que se le pega a alguien.
  • Una relación sana no exige renunciar a los propios proyectos ni a la propia identidad; el amor romántico, en cambio, suele sostenerse en esas renuncias.
  • Reconocer el problema es el primer paso, y no siempre llega desde dentro: muchas veces son los amigos o la familia los que empiezan a nombrarlo.
  • Con acompañamiento psicológico, dice el invitado, no siempre hace falta un proceso largo para salir de una relación con dependencia.

Qué es y qué no es la dependencia emocional

El Dr. Mazo empieza con una precisión conceptual: la dependencia emocional es una conducta disfuncional, y actualmente no figura en los manuales diagnósticos como una psicopatología. Eso no significa que no exista, sino que ha sido estudiada sobre todo desde la observación clínica de personas que, al entrar en una relación, parecen enfermar.

La clave está en dónde se pone el centro. En la dependencia, la persona centraliza al otro y se desplaza a sí misma: desconoce principios, valores y proyectos propios, y pasa a un segundo o tercer plano. Según el especialista, no se trata simplemente de necesitar a alguien, sino de «desconfigurar o desestructurar toda mi identidad en pro de un otro», al punto de sentir que la vida carece de sentido si ese otro no está.

Ese punto importa porque marca la diferencia con un amor intenso. Aquí no se trata de la fuerza del sentimiento, sino del nivel de malestar: la persona identifica que ahí no está bien, que la angustia crece, que estar con el otro preocupa más de lo que reconforta, pero no logra salir del círculo de conducta en el que quedó atrapada.

El soborno emocional de renunciar

Una de las dinámicas que describe el invitado es la del soborno emocional: yo renuncio a algo para que tú no me dejes. Funciona como una cuota que se paga con la propia conducta.

El ejemplo que da es elocuente: «yo no salgo, para que ella no salga». Primero me privo de ver a mis amigos y a mi familia; después, ese sacrificio se convierte en argumento para pedirle al otro que tampoco salga. Son condiciones que se van acumulando y que suelen pasar inadvertidas: llegar a ese estado, dice, es en buena medida inconsciente. Si hubiera plena conciencia, la relación tendría que ser sana.

Ahí aparece una frase que resume el criterio: el amor sano no te pide renunciar, te ayuda a crecer. Entre los indicios que mencionan están abandonar las actividades cotidianas, centrar la vida en la pareja, perder autoestima y autocontrol, y delegarle al otro decisiones sobre la propia vida.

Quién es más susceptible

El especialista explica que la identidad se compone de cuatro dimensiones: autoestima, autoeficacia, autoconcepto y autoimagen. Las personas que puntúan bajo en estos componentes —y aclara que hay formas de medirlos— son más susceptibles. La comparación que usa es clínica: es como tener las defensas bajas; entonces una gripa pega más fuerte y dura más.

¿Y cuál sería esa «gripa»? Con frecuencia, una relación con alguien que tiene rasgos narcisistas, que puede o no llegar a un trastorno de personalidad narcisista: basta con los rasgos. La combinación de una autoestima poco trabajada con ese tipo de vínculo es la que suele dar lugar a la dependencia.

Sobre la autoestima, el Dr. Mazo corrige un lugar común: no es algo que «sube o baja» como una batería. Es un componente que todas las personas tienen y que se puede fortalecer o debilitar. Al terminar una relación con dependencia suele quedar socavada, pero no desaparece.

Banderas rojas: señales para mirar sin alarmarse

La conversación recorre varias señales que los psicólogos consideran de alerta:

  • Miedo intenso al abandono o a la soledad.
  • Necesidad constante de aprobación.
  • Renuncia a intereses y actividades que antes importaban.
  • Autoestima debilitada.
  • Idealización excesiva de la pareja.
  • Pedir perdón de manera constante.
  • Vacío o angustia cuando la otra persona no está.
  • Celos obsesivos.

El invitado insiste en que ninguna lista reemplaza el criterio: cualquier comportamiento que genere un malestar suficientemente significativo en la persona puede ser un indicio que vale la pena revisar, y en eso el contexto cultural pesa. En su lectura, buena parte de estas señales se sostienen en el amor romántico que aprendimos de películas, novelas y canciones: «no puedo vivir sin ti», «sin ti no soy nadie», «eres para toda la vida». Frases que a menudo se reciben como prueba de amor y que, miradas con calma, describen más bien una dependencia. Como dice el especialista, si alguien afirma que no puede vivir sin uno, el asunto no es un halago.

De ahí sale también una distinción útil: dependencia no es lo mismo que agresión. En la dependencia hay una persona que necesita mucho a la otra y que, según el invitado, no la daña conscientemente —aunque su conducta sí puede controlar y afectar—. La codependencia es otra categoría, porque allí hay dos personas dependientes. Y cuando aparece violencia física o psicológica, deja de ser un asunto de «intensidad» y pasa a ser un problema de seguridad que requiere apoyo especializado.

Cuando la relación termina

La dependencia casi no da señales mientras la relación sigue; el impacto se hace visible en el duelo. Ahí puede volverse incapacitante: dejar de trabajar, de alimentarse, de bañarse, sentir que la vida perdió sentido. El invitado advierte además que este cuadro puede producir falsos positivos en salud mental: emergen síntomas de ansiedad y de depresión que no equivalen necesariamente a un trastorno ansioso o depresivo.

Sobre ese duelo, el psicólogo hace una defensa que vale la pena repetir: duele, y hay que respetarlo. Existe un estigma que empuja a decir «¿por qué lloras por esa persona?, ¡mírate de lo que te liberaste!», y ese comentario, aunque bien intencionado, desconoce el dolor ajeno. También aparece la culpa —»¿cómo permití que me hicieran esto?»—, que en terapia se aborda como parte del proceso.

¿Cuándo buscar ayuda profesional? El criterio que propone el invitado es claro: cuando ya hay conciencia de que hay que irse, pero no se puede. Cuando uno mismo reconoce que ahí no es, que hay maltrato o que la configuración de esa relación no le hace bien, y aun así no logra salir. Otra señal frecuente es que sean los de afuera —la amiga, la tía, el papá— quienes lo nombren primero: si todo el círculo hace ruido sobre esa relación, algo está pasando.

Contacto cero: por qué se propone y por qué duele

El primer paso que suele proponerse, explica el Dr. Mazo, es el contacto cero. La idea se apoya en una analogía simple: si lo que me enferma es la leche, no puedo pretender curarme siguiendo tomándola. Si la dependencia funciona como una conducta adictiva —frente a las adicciones químicas, esta sería conductual—, entonces hay que suspender la conducta para poder sanar. Y eso incluye no ver los estados, no llamar y pedirle a la familia que no traiga información.

El invitado no lo presenta como un paso sencillo: dice que es el primero y también el más doloroso. Tampoco lo presenta como una receta universal: la evaluación inicial del psicólogo sirve para determinar el caso, porque hay situaciones que se superponen, como una persona que ya tiene un trastorno de ansiedad generalizada y además atraviesa una dependencia.

Una buena noticia que da: no todo proceso requiere una psicoterapia de años. En su experiencia, con pocas sesiones se puede identificar qué es lo que está intoxicando y empezar a dejarlo.

Qué es entonces un amor sano

La segunda mitad del episodio está dedicada a la pregunta que suele quedar sin respuesta cuando se critica el amor romántico: si eso está mal, ¿qué queda en su lugar? El psicólogo propone un camino concreto.

Desidealizar. El otro es una persona con defectos, problemas y sufrimiento, que trae una oferta emocional. La tarea es evaluar si esa oferta se ajusta a lo que uno necesita, no comprarla esperando que cambie. Su ejemplo del menú es útil: uno pasa por los tableros del día y escoge el combo que le gusta; no entra a la cocina a pedir que le quiten la cebolla, el jugo y el chicharrón. Si el combo no le gusta, escoge otro.

Distinguir acuerdos de condicionamientos. Pedir que la otra persona ayude con el aseo o no ponga música tan alta es un acuerdo razonable. Pedirle que cambie sus creencias, su afinidad política o su relación con su familia es otra cosa. Lo que se cede en una relación, advierte, después se cobra.

Definir los no negociables. Antes de empezar, conviene tener claro qué no se negocia: hábitos de vida, intencionalidad de la relación, si se quieren o no hijos. Sobre esto el invitado es tajante: hay cosas que no son conciliables, y esperar que el otro cambie de fondo es una apuesta costosa.

Trabajar la autoestima y los límites. Para el Dr. Mazo, la autoestima se fortalece identificando qué le hace bien a cada persona y sosteniéndolo en el tiempo; también se fortalece aprendiendo a decir no y reconociendo cómo quiere uno que lo quieran.

Y una distinción que atraviesa todo el episodio: el enamoramiento —ese estado de idealización que la ciencia ubica aproximadamente entre 8 meses y 2 años— no es lo mismo que el amor, que aparece cuando esa idealización cae y la persona elige con conciencia, con los defectos incluidos. Un amor de ese tipo suma, no resta. Y no está garantizado «para toda la vida»: como dice el invitado, el amor es hasta que sea sano, y eso puede durar muchos años, pero se sostiene en decisiones cotidianas más que en un contrato.

La idea que resume el episodio es esta: el amor sano es el que no te pide renunciar a lo que eres. Y la pregunta que deja abierta es sencilla: ¿la persona con la que estás hoy sigue siendo alguien que eliges?

Ver el episodio completo

Puedes ver el episodio oficial aquí: ¿Cómo saber si DEPENDES EMOCIONALMENTE de alguien? | EP28 | Tu Salud Guía. En el episodio, el Dr. Fernando Mazo menciona que atiende consulta individual presencial en Medellín y por telemedicina; sus datos de contacto están en la descripción del video.

Fuentes y referencias

Este artículo acompaña el episodio 28 del podcast Para estar bien, de Tu Salud Guía, con la conducción de Selena Londoño y la participación del Dr. Fernando Mazo, psicólogo, magíster en psicología clínica, abogado y docente universitario. Los conceptos, ejemplos y opiniones provienen de lo expuesto en la conversación y se presentan como su perspectiva clínica; no constituyen un diagnóstico ni reemplazan la valoración de un profesional de la salud mental.

Nota editorial

Este contenido es informativo y no sustituye la atención psicológica. La dependencia emocional no es un diagnóstico y no debería usarse como etiqueta para juzgar a otra persona: se trata de una conducta que puede modificarse con acompañamiento profesional. Si sientes que no puedes salir de una relación, si tu malestar interfiere con el sueño, el trabajo o el cuidado de ti mismo, o si llevas tiempo sin poder dormir o funcionar, buscar apoyo psicológico es un paso de cuidado. Y si en la relación hay violencia física, amenazas o control que ponga en riesgo tu seguridad o la de alguien más, no lo enfrentes solo: acude a los servicios de emergencia y a las instancias de protección de tu país.

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