La inteligencia artificial empieza a entrar en conversaciones sobre atención psicológica infantil, pero una encuesta sugiere que muchas familias todavía no se sienten cómodas con que una herramienta de IA dirija la terapia conductual de sus hijos.
Qué preguntó el estudio
El equipo de Rosemary A. Martoma y colaboradores analizó una encuesta transversal a 572 adultos de Estados Unidos que tenían al menos un hijo de entre 5 y 17 años. Las personas respondieron qué tan cómodas se sentirían con una terapia conductual infantil dirigida por inteligencia artificial.
El 47,2% dijo no sentirse nada cómodo y otro 28,8% respondió que se sentiría poco cómodo. En conjunto, cerca de tres de cada cuatro participantes expresaron incomodidad. La precisión, la empatía, la recomendación de un profesional y la privacidad pesaron más en sus respuestas que el costo o el tiempo de espera.
Qué significa y qué no significa
El resultado describe actitudes de padres y cuidadores frente a una posibilidad tecnológica; no demuestra que la IA sea eficaz o ineficaz como terapia, ni permite saber cómo actuarían las familias cuando tuvieran una herramienta concreta delante. Tampoco evaluó a niños, comparó tratamientos ni midió seguridad clínica.
La encuesta tampoco prueba que una terapia dirigida por IA sea necesariamente peligrosa. Sí señala preocupaciones razonables que deberían resolverse antes de presentarla como sustituto de la atención profesional: cómo se protege la información sensible, quién supervisa las decisiones, cómo se detectan señales de riesgo y qué ocurre cuando un niño necesita una evaluación o intervención humana.
Por qué importa en salud infantil
La falta de atención psicológica disponible es un problema real, y las herramientas digitales podrían ayudar a ampliar el acceso en algunos contextos. Pero ampliar el acceso no equivale a demostrar calidad clínica. En niños, además, la atención involucra desarrollo, familia, escuela, consentimiento y situaciones que pueden requerir valoración profesional.
Por eso, una herramienta tecnológica debería evaluarse por resultados clínicos y seguridad, no solo por su novedad, bajo costo o disponibilidad permanente. Las opiniones de las familias son una pieza del debate, pero no reemplazan ensayos, supervisión clínica ni reglas claras de privacidad.
Las limitaciones del estudio
- Fue una encuesta transversal: captó opiniones en un momento concreto y no permite establecer causalidad.
- La muestra no fue probabilística y tuvo un tamaño moderado, por lo que sus resultados no representan necesariamente a todas las familias.
- La comodidad declarada no equivale a uso real, eficacia, seguridad ni calidad de la atención.
- El estudio preguntó a adultos sobre una terapia hipotética; no evaluó a niños ni una plataforma específica.
La idea clave
La encuesta muestra una reserva amplia ante la terapia infantil dirigida por IA, especialmente alrededor de la precisión, la empatía, la recomendación profesional y la privacidad. No resuelve si estas herramientas deben utilizarse, pero sí ayuda a formular las preguntas que la investigación y los servicios de salud deben responder antes de incorporarlas a la atención de niños.
Si un niño necesita apoyo psicológico, una herramienta automatizada no debe presentarse como reemplazo de una evaluación o tratamiento profesional. La decisión debe considerar las necesidades del menor y la orientación de personal cualificado.
Fuente
Martoma RA et al. Parent Comfort With Artificial Intelligence–Led Behavioral Therapy for Their Child. JAMA Pediatrics. 2026. Registro en PubMed.






