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Dr. Juan Manuel Cardenas

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Experiencia odontológica en niños

Cuando hablamos de intervenir al paciente es necesario entender que más allá de una técnica del manejo del comportamiento, debemos pensar que el paciente cuando está en nuestra consulta, está sometiéndose a una experiencia.En nuestra práctica, en la universidad CES hemos desarrollado un concepto que está en el libro de Fundamentos de Odontología Pediátrica, denominado “experiencia odontológica”. Un paciente cuando asiste a una consulta odontológica no es para “que le arreglen o extraigan un diente o hagan una limpieza a un niño”, cuando recibimos a un papá con su hijo es para que le brindemos una atención completa, una experiencia. Agenda una Cita Hay unos conceptos importantes:1.   Tener empatía: si me quiero comunicar bien con mis pacientes, debo tener empatía, ponerme en los zapatos de él, que la mamá y el mismo niño sientan que estamos preocupados por él y lo queremos.2.   Generar confianza: que la mamá, el papá y el niño entiendan que nosotros sabemos del tema, que estamos preparados para atenderlo y que así esté ansioso o temeroso, vamos a poder tranquilizarlo y darle una buena atención.3.   Adherencia y vínculo con el paciente: lograr que él participe y lo más importante, el vínculo.Las profesiones de la salud y especialmente la odontopediatría tienen como objetivo final generar un vínculo con el paciente, emocional, profesional, afectivo, porque más allá de que se logre realizar una restauración, por ejemplo, lo que se pretende es que ese paciente se comunique conmigo, crea en mí, tenga una empatía para que vuelva. En última instancia, la función del odontopediatra no está en “arreglar o restaurar un diente” sino en tratar un paciente. Antes de pensar en la técnica específica que se va a utilizar para modificar un comportamiento, es necesario entender que lo primero que se deba dar al paciente es una muy buena experiencia que se da más allá del tratamiento en silla; se da en la sala de espera, cuando el paciente entra, durante el tratamiento y cuando se despide, además, en las citas de control a largo plazo que hacemos con ellos. Una parte importantísima de esa experiencia odontológica es entender que el tratamiento no lo brinda solo el odontólogo, es una labor de todo el equipo clínico, se incluyen las asistentes, higienistas y todo el personal administrativo y de recepción. La experiencia comienza desde que el paciente llama, cuando está en sala de espera, cómo entra y en ese sentido, las asistentes, los auxiliares y las higienistas, forman una parte integral del equipo y este es un trabajo horizontal, no solo del odontólogo o el odontopediatra que brinda esa experiencia; es entender que la formación y preparación de todo el equipo y el trabajo coordinado entre todos para brindar una buena experiencia, es fundamental para lograr éxito en el manejo u orientación del comportamiento. Ver más

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Influencia de los padres en el comportamiento de los niños

Además de hacer un diagnóstico muy completo del paciente, cuando se hace la historia clínica o más conocida como anamnesis, es importante en esa primera cita aprovechar para tener una conversación un poco más extensa, generar vínculo y conocer a fondo ese contexto psicosocial del paciente; a partir de ahí, lo más importante a considerar por los odontopediatras es el tipo de padres o acudientes que acompañan al paciente, nunca se podrá atenderlo desde un punto de vista social o legal, autónomamente. Hay un concepto llamado patria potestad, siempre habrá un acudiente en la práctica de odontopediatría; entender si el niño viene de un ambiente de ser hijo único, tiene hermanos, ha tenido antecedentes o experiencias negativas previas, si es un núcleo familiar tradicional, si sus papás son separados, si de pronto vive con los abuelos o con una madre sustituta y entender qué estilo parental de crianza tienen esos papás; si son autoritarios, sin son más permisivos, si son ansiosos, más temerosos, pacientes que de pronto, son menos comprometidos. Es importante tratar de rescatar durante la entrevista este tipo de información, no solo preguntarla, sino por medio de la charla, de la evaluación de las actitudes, del comportamiento, de la mirada y de lo que cuenten del pasado del paciente, se va tener una mejor información que permite, además, de categorizar el comportamiento, también clasificar el contexto familiar y psicosocial de ese niño para tener mejores herramientas para intervenirlo. Agenda una Cita Adicionalmente, la experiencia previa de los padres influye mucho sobre el comportamiento de los niños. Un papá o una mamá que hayan tenido experiencias traumáticas en su infancia, que estén temerosos frente al tratamiento, de una manera directa o indirecta siempre van a influenciar a ese niño en su comportamiento y puede que sea negativo o positivo; si tuvieron una buena experiencia eso ayuda a que el paciente esté más dispuesto y sea más colaborador; en el caso contrario, unos padres que en la infancia les hicieron un procedimiento doloroso o traumático va a influir definitivamente en ese comportamiento y en la misma consulta. Hay muchos estudios que demuestran que por la ansiedad materna o paterna están directamente relacionadas con comportamientos negativos, una mamá que esté nerviosa (así no se lo diga al niño), pero le está tomando la mano y esté sudorosa e inquieta, ese lenguaje corporal ansioso se lo transmite al niño, por eso en nuestro trabajo es importante que hablemos con los papás y si es necesario en una cita independiente o que el niño no esté presente, para explicarles la importancia de que ellos sigan nuestras recomendaciones, de que si están de pronto muy ansiosos, se retiren, que nos permitan a nosotros hablar tener realmente el control sobre ese aspecto emocional que incide definitivamente en el comportamiento del niño en la consulta. Ver más

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Escala de Frankl del comportamiento

El tema de la escala de clasificación del diagnóstico, una vez hemos hecho ese diagnóstico, existen escalas o instrumentos que nos permiten clasificar a los pacientes: Hay dos maneras de hacerlo: La primera es basada en su comportamiento, es decir, cómo se maneja el niño (lo que llamamos comportamiento motor), si el niño llora, grita, se siente tranquilo, si nos mira, acata órdenes, etc. Y en este sentido hay una escala utilizada universalmente, la más usada en el mundo de la odontopediatría, se llama la escala de Frankl, esta tiene cuatro (4) categorías: 1, 2, 3 y 4, lo que se conoce en la literatura normalmente para los estudiantes de odontología como F1, F2, F3 y F4. De una manera muy simple indican el grado de cooperación que puede ofrecernos el paciente. El paciente F1 se conoce como “definitivamente negativo”, es ese paciente que no tiene capacidad de cooperar porque, por ejemplo, es un niño muy pequeño, de corta edad, puede ser de 18 -20 meses que no entiende la situación y no tiene esa capacidad de entender y cooperar. O un paciente en situación de discapacidad, son niños que gritan, lloran, normalmente hay que ayudar a estabilizarlos. La segunda categoría F2 es “levemente negativo”, es un paciente que es ansioso, que llora, no se queda del todo quieto, pero que acata órdenes, es capaz de sentarse, abrir la boca y responder mejor a órdenes cuando va a estar “inquieto” o “temeroso”. Agenda una Cita El paciente F3 es “levemente positivo”, es un paciente que está en silla, que colabora, acata mejor las órdenes, no mueve las extremidades, pero que está temeroso, interrumpe el procedimiento de una manera intermitente. La categoría F4 es “definitivamente positivo” es el paciente cooperador, es el paciente que acata órdenes, está tranquilo, no se mueve, está en una postura cómoda y colaboradora durante el tratamiento. Hay escalas también que miden el estado emocional, va más allá, si el paciente se mueve, nos ayuda o no, nos ayudan a medir qué tan ansioso está el niño. La escala más común es una que se llama “Escala de Malamed” que mide el comportamiento del niño a través de entrevistas, nos indica si el niño está muy ansioso o no, pero desde el punto de vista práctico utilizamos mucho más las escalas del comportamiento, porque nos ayudan orientar al paciente y a clasificarlo mejor para definir qué técnica de comportamiento vamos a utilizar. Cuando utilizamos la escala de Frankl, más allá de clasificar a un paciente, nos va a dar herramientas para determinar qué tratamientos vamos a hacer, es muy importante consignar toda la información del comportamiento en la historia, registrar qué tipo de movimientos tuvo, no es suficiente escribir que el paciente es F1 o F2, es fundamental en esa evolución, detallar, si el paciente vomitó, si hubo que inmovilizarlo, si se hizo con los padres, si hubo consentimiento (es un documento paralelo, pero en la evolución también debe estar), explicar cómo fue la reacción del paciente frente a la técnica, cómo fue la despedida, cómo terminó la cita y toda la comunicación que se tuvo con los padres; más allá de una utilidad clínica, en la próxima cita se va a poder ver y evaluar el comportamiento del paciente, además, se van a tener herramientas para decir qué se va a hacer en la siguiente cita. Es una protección legal porque muchos de los temas de comportamiento más allá de una implicación odontológica, tiene implicación legal porque un mal uso de una comunicación con un paciente, una percepción equivocada en los padres sobre una restricción física que considere inadecuada, puede tener muchas implicaciones que si como odontólogos se les ha explicado a los padres, se ha realizado un buen diagnóstico, se ha documentado de una manera completa en la historia clínica, se va a tener un mejor respaldo a la hora de un cuestionamiento frente a nuestro tratamiento. Ver más

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